Domingo 5 de Abril de 2026

REFLEXIONES

4 de enero de 2017

La cara, el espejo del alma...

Alguien preguntaba a alguien: ¿qué te impide cruzar el umbral? y señalaba al cuerpo.

Y es que el cuerpo, hoy, es una formidable frontera porque refleja toda la problemática  mental y la mente es el ver­ dadero obstáculo. En el orden de lo práctica, de la pedagogía del trabajo oracional, el cuerpo ha de ser el primer paso; es lo que tenemos ‘más a mano' para 'comenzar' a caminar. Siempre desdeñado, cuando el Concilio nos dice que es el hombre 'entero' el que hay que salvar, desconocemos cualquier pedagogía   -carecemos   de mentalidad- que nos permita reconducir el cuerpo como lugar donde Dios habita y desde donde 'se le pueda ver'.

Aunque parece desdeñable, -en todo caso, trivial-  muchos son incapaces de traspasar  -de ahondar- ese primero y necesario umbral  del propio cuerpo. ¿Qué podemos esperar de quien no sabe profundizar ni poseer su propia corporalidad? ¿Qué se podrá esperar de quien pretende modelar su alma y es incapaz de modelar su cuerpo hasta hacerlo capaz de una teofanía?

En el fondo, realizarse implica también, y necesariamente, consumar la propia corporalidad. Mira al crucificado . Aunque vez un cuerpo destrozado, puedes ver también un cuerpo 'perfeccionado' en el dolor, perfectamente unido al alma..., y a Dios... Destrozado pero no agarrotado por tensiones . Sabes que las tensiones son siempre fruto de las pretensiones... Y Jesús, sin otra pretensión que hacer lo que hacía, el alma en paz y el cuerpo distendido, señaló la forma perfecta de liberación de la persona entera...

Perdimos nuestro cuerpo original silencioso; sólo tenemos, ahora, un cuerpo influenciado por la mente egocéntrica. Un cuerpo así, tiene dificultad para llegar a tener un alma enamorada de Dios y en su paz. La oración tendrá que irlo modifican­ do -pero, si se ora de verdad- para que pueda reflejar el silencio de nuestro parecido con Dios y el origen profundo de su llamada a la vida (Gn. 2,7). El cuerpo es un continente por  descubrir ... ¡Nos aventuramos  poco, lo justo !

 Fuente: Nicolás Caballero 

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